La adopción especial

La adopción es una medida de protección a la infancia que evita su institucionalización y que establece un nuevo núcleo de filiación para un niño o niña desprotegido, y por tanto, también una nueva relación parental.

Cuando hablamos de adopción especial nos estamos refiriendo a procesos de adopción de niños y niñas con necesidades especiales, en una situación de vulnerabilidad que  demanda una especial dedicación de la familia que los adopta: niños y niñas con una edad elevada, grupos de hermanos, niños y  niñas  con dificultades físicas, psíquicas o sensoriales, o con cualquier otra característica que requiere una especial atención.

La adopción es una forma de parentalidad social (J. Barudy), frente a la  parentalidad biológica (que la entendemos como la capacidad de procrear). Con ella nos referimos a la doble vertiente, en el sentido de que la parentalidad, la responsabilidad de cuidar, criar, proteger,  educar, socializar, amar, es asumida por personas distintas a las que han ejercido la parentalidad biológica, pues estas no están o no pueden criar a sus hijos e hijas. Es una parentalidad aprendida, modelada en la familia y en el entorno social en el que crecemos, que permite que muchos niños y niñas que no tienen la posibilidad de ser criados por sus padres y madres biológicas puedan ser criados en una familia, niños y niñas que ya se han visto sometidos a una desprotección, que tienen una historia, una huella vital que entra a formar parte de la adopción.

Este proceso requiere de un acompañamiento a las familias que oriente, prepare y apoye a todas las personas implicadas, ofrecido a través de los proyectos de adopción.