El derecho y la necesidad de vivir en familia

Vivir en familia es, no sólo un derecho fundamental de la infancia, sino también, el modo más eficaz para garantizar el adecuado desarrollo de los niños, niñas y adolescentes y la satisfacción de sus necesidades. Por ello, en MENIÑOS ayudamos a los niños y niñas trabajando con las familias, apoyándolas para que conserven o restablezcan sus condiciones protectoras y, cuando esto no es posible, buscamos entornos familiares alternativos: familias acogedoras y adoptivas, que eviten su  institucionalización.

Todavía en nuestra sociedad hay una cierta invisibilidad de la infancia, especialmente la más vulnerable, una falta de conciencia colectiva de la necesidad de implicarnos y actuar con urgencia para evitar la desprotección que sufren miles de niños y niñas en nuestro país.

La importancia de un entorno protector, el papel del apego: 

Cuando un niño o una niña ha sufrido la falta de cuidados, el rechazo o el maltrato por parte de las personas que debieran ser responsables de su cuidado, el efecto de ese daño queda indefectiblemente ligado  a su memoria y condiciona su  desarrollo.

La plasticidad cerebral, la capacidad interna de cambio y los apoyos externos  pueden reparar el efecto de estas vivencias y  ayudar a  transformar el modelo mental de relación, nuestro esquema de cómo pensamos, cómo sentimos y como nos relacionamos, permitiendo proyectarnos exitosamente hacia el futuro.

El apego es una clase de vinculación que supone una unión afectiva, intensa, duradera, singular entre dos personas, que  busca  obtener  seguridad, cuidado y protección. Este vínculo es fundamental para el bienestar psicológico del niño o niña y para su salud mental. 

Apoyar a los padres y madres para que puedan entender la importancia de ser generadores de este vínculo, ayudarles a  dar sentido e integrar sus vivencias, ofrecerles apoyo, asesoramiento e intervención adecuada para recuperar sus capacidades protectoras,  es un derecho para todas las personas y una necesidad ineludible para sus hijos e hijas.

Con ayuda las familias pueden recuperarse y, en las situaciones más graves, en las que esto no es posible, debemos fomentar y ayudar a la construcción de la parentalidad social, una parentalidad aprendida, modelada en la familia y en el entorno social en el que crecemos, que  permite que muchos niños y niñas que no tienen la posibilidad de ser criados por sus padres y madres biológicas, puedan ser criados en otro entorno familiar que les proporcione el vínculo de afecto y seguridad que precisan.