La maternidad en situaciones de dificultad social

Hoy en día existen suficientes datos científicos para afirmar que el funcionamiento de la mente humana depende de la organización y funcionamiento del cerebro. A su vez, el funcionamiento del cerebro y la mente dependen de la calidad de la relación de madres y padres con los bebés durante la gestación y los tres primeros años de vida (J. Barudy y M. Dantagnan).

El  conocimiento  acumulado  por  la  investigación  de  las  últimas décadas sobre la protección a la infancia apunta a un hecho muy significativo: la relación de apego seguro (incondicionalidad, implicación emocional, disponibilidad y seguridad en la relación establecida con el bebé desde el primer momento) es un factor primordial para garantizar la relación adecuada de protección de los niños y niñas. El desarrollo de esa relación de apego comienza muy temprano, en las primeras semanas de vida. Y por ello las condiciones favorables para establecer esa relación son esenciales y necesarias desde el momento del embarazo.

Si las condiciones de vida de las madres son desfavorables: mujeres solas, sin apoyo, en situación de precariedad económica, en desempleo, embarazadas muy jóvenes, aislamiento social, marginación,  etc,  esta vulnerabilidad social se convierte en un factor de riesgo para una maternidad saludable y la protección adecuada a los hijos e hijas.

Para evitar el sufrimiento personal de estas madres y evitar el riesgo de desprotección de sus hijos e hijas es imprescindible cuidarlas dedicando la atención psicosocial adecuada.